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Cáceres no es para bicis
Ahora que las bicicletas de uso público son una realidad en ciudades tan cercanas como Badajoz o Mérida y que son una realidad consolidada como una alternativa de transporte en ciudades como Sevilla, Valencia, Barcelona, Bilbao… aún se escuchan en Cáceres, de forma habitual, frases aceptadas por todo el mundo como ciertas pero que no parecen tener ningún hecho que las confirmen. Me refiero al clásico: “pero… si Cáceres no es una ciudad para bicis”.
Para mi Cáceres sí es una ciudad para bicis, ya que la uso a diario para hacer mis quehaceres, y eso que no soy especialmente deportista ni temerario. De hecho, una mañana de octubre, aparcando mi bici en la Plaza de Caldereros, amarrándola a la pared dónde antes se amarraba la caballería (obviamente no hay civilizados aparcamientos para bicis), una mujer me dijo sin detener el paso ni mirar atrás (sin duda llegaba tarde a la oficina): “las aceras son para las personas”. Comprendí que debía haberla adelantado con mi bici, no sólo ese día sino habitualmente, en mi camino a través de la Calle Pintores antes de desviarme hacia la Plaza de Caldereros y subir, con la bici a cuestas, las últimas escaleras del foro hacia la parte antigua.
Comprendí su protesta al imaginarse miles de bicis inundando las aceras y poniendo en peligro la integridad física de los peatones, pero me pregunté lo siguiente: ¿si las aceras son para las personas sin bici y las carreteras para los coches y sus peligros, por dónde han de ir la gente que se transporta en bici? Miré a mí alrededor y, como no vi ningún carril bici, me dije, “debe ser que las personas con bicis no deben circular por esta ciudad”.
Me acordé enseguida del caso del puente de Brooklyn. Este puente fue pensado para unir de forma rápida, el incipiente barrio de Brooklyn con la isla de Manhattan a través de la zona sur de la isla, dónde se encuentran los distritos financieros y administrativos de Nueva York. Fue terminado a finales del siglo XIX, pero durante un largo periodo de tiempo, las familias de color con menor poder adquisitivo no podían cruzar el puente aunque no hubiese una ley que se lo impidiese. El caso es que los transportes públicos del barrio de Brooklyn más baratos y más accesibles consistían en unos rudimentarios autobuses cuya altura era superior a la del acceso para tráfico rodado del puente. Eso sin contar con el peaje que había que pagar (algo que no sólo se ha eliminado, si no que se ha prohibido en todos los puentes de Nueva York). Imagino que los ingenieros no tuvieron la intencionalidad de ponerle el paso difícil a ciertos grupos sociales, simplemente no eran usuarios humildes de color del barrio de Brooklyn, sino afamados ingenieros de origen anglosajón de New Jersey.
En el diseño de las ciudades influye mucho la posibilidad de participación de la ciudadanía en la toma de decisiones de este tipo y por lo tanto, imagino que Cáceres no es considerada una ciudad para bicis por la sencilla razón que no ha sido diseñada para moverse en bici. Parece obvio que quienes a lo largo de los años han sido responsables del diseño de la ciudad no han sentido la necesidad, ni el interés, de utilizar la bici como transporte habitual. Sin embargo, cada vez más, los ciudadanos vemos las ventajas de moverse en bici y si no son obvias, las enumero: las bicis no arrojan humos al ambiente, previenen la aparición de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, el uso generalizado de la bici elimina ruido y el estrés causado por la aglomeración de coches y los atascos, ayudaría a disponer de más espacio para las personas, de menos peligros para los peatones, para los conductores ocasionales habría más aparcamiento y menos coches en doble fila interrumpiendo el tráfico …
El uso de la bici no es una amenaza para nadie, sino más bien, un alivio para todos. Es por esto que los ciudadanos hemos de comprometernos en la toma de decisiones sobre el uso y diseño de nuestra ciudad para que los colectivos interesados en transportarse con la bici cuente con carril propio, semáforos específicos y reducción de barreras arquitectónicas que pongan trabas al Cáceres con bicis, que es posible y cercano.
Por cierto, sobre el puente de Brooklyn se extiende un largo carril bici que une ambas partes de la ciudad.
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Este es otro de los trabajos que he visto nacer recientemente en la ciudad de Badajoz. Sigue resultando raro el salto del prototipo al objeto. BiBa la bicis.

